viernes

invierno adentro

cuando es frío afuera, el gusano espirala y goza
rezuuuuma
pone la pava en el fuego, repiensa y repite
se embebe de almíbar suave
roza fuerte los costados del poncho
genera estática,
alimaña el gusano
se ampara en su umbilicus
lungo, luuungo
mete su nariz de uva pasa
de colorada a colorida,
se engaña
hace de cuenta que duerme
pero en realidad
canta

Un señor

Había una vez un señor que tenía urgencia por llegar a un lugar. Siempre iba muy apurado y con el ceño fruncido, y muchas veces se chocaba con cosas y personas que andaban por el camino. Este señor estaba apuradísimo, y llevaba un enorme equipaje que parecía no pesarle nada. De hecho tenía adosado a la espalda un portaequipaje de esos de auto, lleno de maletas y maletines, y bolsas y bolsitas y cajas y cajitas. Parecía una tortuga, sólo que muy pero muy veloz.
Un día lo paró un semáforo.
"¡Detengasé"! Le dijo calmadamente, pero con mucha decisión, abriendo muy grande su tercer ojo rojo.
"Estoy realmente muy apurado" Contestó el señor.
"A mí eso no me importa mucho. Tiene que quedarse acá un ratito"
"Pero, usted no entiende, estoy realmente MUY apurado. Llevo prisa, ve?" y señalaba su portaequipaje, "Mucha prisa"
"¿Y se puede saber a dónde va con tanta prisa?"
Ahí se hizo un silencio infinito, gordo, absoluto. El señor miraba la tierra bajo sus zapatos, y el cielo sobre su sombrero, y decía "MMM...SSSS....RRRR" y otras consonantes del estilo.
El semáforo cerró su ojo rojo y abrió el amarillo. "¿Y?"
"Es que no... nunca... es la primera vez que alguien me hace esta pregunta. Creo que no lo sé. No sé a dónde voy"
"¿Y no tiene una tarjeta de invitación, o la dirección anotada en algún papelito?" "No, creo que no."
El semáforo cerró su ojo amarillo, y abrió su ojo verde. Se inclinó sobre la cabeza del Señor y examinó cuidadosamente el equipaje. "Entonces, debo decirle que usted no lleva prisa. Usted lleva otra cosa. Y como no sabe bien a dónde la lleva, yo le sugiero que vaya más despacito. De esa manera usted tendrá la oportunidad de observar el camino. Y así, alguien o algo, que está esperando eso que usted lleva, le va a hacer señas de que se arrime, y entonces usted sabrá que ha llegado a donde tenía que ir. Ahora vaya. Vaya nomás. Ya pasó el ratito"
Y el señor se puso en marcha nuevamente, con los ojos bien abiertos y la mirada despierta, a paso de tortuga, dejando que el paisaje le entrara por abajo del sombrero.

jueves

La distancia es una señora que trabaja en la oficina de correos.

lunes

la siesta del pan.

Todas las tardes, a la hora de la siesta, Ana se aburre.
A esa hora, hasta las moscas zumban en voz bajita, para no despertar a nadie.
Y hasta parece que las agujas del reloj caminaran despacito, en puntas de pie.
Tic, tac.
Ana se aburre.
Se acuesta en la cama y cierra fuerte los ojos, pero el sueño no viene. En cambio, se le ocurren miles de ideas: juegos, experimentos, canciones, un invento para andar en bicicleta y remontar un barrilete al mismo tiempo… Pero el armario está cerrado y la cuadra tan silenciosa que hasta los pensamientos parecen hacer ruido.
Tic, tac.
La hora de la siesta pasa muy pero muy lento. Sopla un viento tibio que hace bailar a las cortinas como si algo les causara gracia. Tilo, el perro, sueña que corre un palito a través de un parque verde, y que el aire suave de verano le abanica la lengua.
China, la gatita, está tan pero tan bien enrollada en su almohadón, que una pulga está mareada de tanto dar vueltas y vueltas en espiral, buscando la salida.
Un ruido de cric, crac interrumpe el silencio. Alguien se asoma en la puerta del cuarto, y susurra:
-Ana, ¿estás despierta?
Es la abuela de Ana, que está de visita.
-No me puedo dormir.
-Yo tampoco. Estaba pensando…
-Yo también estaba pensando!
-Ji Ji. Tengo una idea. Vamos a hacer pan!

Sin hacer casi nada de ruido, Ana y la abuela se van a la cocina.
Sacan de la alacena un paquete de harina, y de la heladera un cuadradito de levadura. La abuela pone agua tibia en una taza y la mezcla con la levadura y un poquito de sal; Ana, mientras tanto, arma un volcán de harina sobre la mesada.
-Ahora vamos a hacer que este volcán esté lleno de lava!
Dice Ana en voz muy bajita, pero muy entusiasmada. Y las dos comienzan a mezclar todos los ingredientes, y a amasar, muy contentas las dos de haber encontrado algo tan divertido y silencioso para hacer a la hora de la siesta.
Una vez que la masa está lista, hacen los bollitos y los ordenan prolijamente uno al lado del otro.
-Y ahora, abu?
-Ahora los tapamos con un repasador, y los dejamos descansar.
- ¿Cómo? ¿Los panes también duermen la siesta?
-Sí, porque cuando están calentitos y cómodos, los pancitos crecen…




















Ana se acuesta en el sillón, con cuidado de no despertar a China, que parece estar soñando con una enorme pelota de lana, igual de enrollada que ella.
“¿Con qué soñarán los pancitos?” Piensa Ana, mirando cómo una pareja de moscas vuela en círculos, como jugando a la calesita.
Poco a poco, el aire tibio de la siesta comienza a cerrar sus párpados, y Ana se queda dormida.
Sueña que es una semillita dorada, al abrigo de la tierra;
que crece poco a poco como un tallo verde y radiante, buscando el calorcito del sol;
que sus cabellos rubios se despeinan con el viento suave de la llanura, y que sus hermosas espigas de oro están llenas de grano;
luego sueña que viene el tiempo de la cosecha y la molienda, que se hace harina, blanca y suave como el terciopelo;
sueña que viaja del campo a la ciudad, que se mezcla y se transforma, que se hace bollito y crece… crece… crece…
-Ana…
La abuela la despierta con una caricia, y sonríe.
-¿Querés ver cómo crecieron los pancitos?
Ana se levanta de un salto y va hacia la cocina. Como si hiciera un pase mágico, la abuela descubre los panes.
-¡Cómo crecieron!- dice Ana- ¡Casi no hay lugar en la mesada!
La abuela se ríe bajito, y Ana también.
-Ahora los vamos a hornear, así cuando se termine la siesta, los comemos con manteca y mermelada!
-Mhhh… qué rico!
Tic, tac. El olor a pan recién hecho empieza a viajar por la casa como un trencito repleto de pasajeros.
-¿Sabés qué, abu? Yo soñé que era una semilla de pan que crecía. ¿Qué habrán soñado los pancitos?
A la abuela le salió una carcajada de cascabeles, que hizo despertar a China y a Tilo, justo a tiempo para la merienda.

sábado

sociales

había una vez una hormiga desempleada.
ay, pobrecita de ella, tan pequeña y tan sin nada para hacer.
andaba con una valijita al lomo, tirando currículums por todos lados.
"hormiga negra, gran transportadora de hojitas. se hacen changas a pedido"

pero parece que eran tiempos grises en la ciudad
tiempos de no picnics, de frío y llovizna
malos tiempos para una hormiga desempleada y sin bufanda.
entonces desesperó.

en su desesperanza gritó muy fuerte -todo lo fuerte que pudo-
y su grito sonó como un chasquido
"mchuik"
así sonó.

y alguien que escuchó ese grito
se dio vuelta pensando que le habían tirado un beso
"ése? sí, ése -pensó- que justo me gustaba!"
y le devolvió el beso a ése (amor).

así consiguió trabajo la hormiga
de transportadora de besos.
también hace horas extras
hormigueando en los labios de los que se extrañan.

fin

domingo

no te ausentes
ensueño.

dejame dormir
otra noche destapada.

como esa luna que me vio
-o la vi-
tan cerca
que ya no sé cuál de las dos sonreía.

sábado

yo me tomo el té, señor.
me lo tomo muy en serio.

pero me canso de esperar
y lloro
¿sabe qué triste es la espera?
¿usted también espera?
no me diga que es manzana
porque entonces
usted
no es el que yo espero.

-dispense el humor idiota
es que la espera se tiñe de colores
cuando lo pienso con alguna certeza
y usted seguro es tan blanco
tan precioso
y yo tan con ganas de colorearlo-

viernes

¿¿Y???!

martes

amor,
amor, amor




amor

no.

no amor.

hasta cuándo, corazón?

hasta

que
quieras
primavera

lunes

rico durazno sos

te estoy viendo, jugoso.
te estoy viendo.

soy el gusano de luz
te doy mi luz, durazno
te doy mi luz para poder verte desde adentro

miércoles

me sorprende esta mañana una nostalgia de café instantáneo.

aquí hormiga

estoy.
sííí, estoy acá, acá chiquita pero estoy.
me gusta pasar desapercibida. huyo de los asesinadores de hormigas, de los pies y del azúcar impalpable.
................
...........
.......
....
..
.
dejo un caminito para que me siga el amor.
no sea cosa de volverme invisible del todo y perder la chance.

sábado

caminaba por casualidad mirando las baldozas
pero ella tan pequeña que no es posible haberla visto.
y la levantó con el dedo de pura intuición
de puro amor a primera vista

(porque también podría haberla pisado, sin querer)

y le pidió los deseos

-vaya!-
a la hojita la lleva, la posa, la deja ir.
una breve breve breve historia de amor.

viernes

Camina sola y en línea recta. Es mucho más rápida de lo que creía. Tiene alas, sí, pero no lo sabe.
Y yo le juego una carrera, desde acá hasta el cordón.
Es rápida. Es ágil.
Pero pequeña y vulnerable.
En el apuro, la piso.
La carrera se torna en procesión fúnebre.
"Cucaracha maratonista muere compitiendo y se anula carrera ", diría el titular.

miércoles


zumbido empalagoso de moscardón en el vidrio.
el problema, el verdadero problema de las moscas, es que, aunque pudieran atravesarlo (el vidrio) no sabrían a dónde ir.

sábado

el bichito de la luz
-bichito idiota-
cayó en la ensalada

seguramente sus débiles alitas
luchan con el aceite
por desplegarse
sacudirse
volar

seguramente está exhausto
-pobre bichito-
y él es tan verde
que se confunde entre las lechugas.

ahora se planea un gran rescate
con tenedor y servilleta

pero es tan verde
tan pequeño
tan infeliz...



infructuosa búsqueda

ya me lo comí

viernes

Hay un brotecito
-un bracito-
saliendo en algún rincón de la maceta.

Es de una semilla que nadie plantó
Lo juro.

Sin embargo hizo fuerza
por existir

Ahora nadie lo ve pero yo juro que allí está
Lo sé porque percibo su voluntad de ser.
(Es como un canto agudo
de la Cumparsita)

En su más precioso vértice
hay dos besoños
(que son retoños de besos)


Lo que pasa es que llegó tarde
y, con suerte, lo verá florecer el verano.

martes

es una carrera

difícil muy difícil no acongojarse

el gusano amarillo tiene miedo que le gane el verano

que lo seque el sol del verano y lo sorprenda en plena soledad

miércoles

angry butterfloi

ella piensa que hay que desplegar, despegar, desparramar.
"soy mariposa", piensa en español, pero también piensa en inglés.

y harta de que la confundan con paraguas
se pone a volar en círculos bajo el sol,
se achicharra y cae en espirales
con estrépito

alguien dice:
"se adelantó el otoño"

pucha.
otra muerte en vano.

martes

(alta en el suelo)

"¡viva, viva!"
- exclama ella con su voz finita de fideo -
"la vida es pequeña y hermosa.
la vida es inabarcable"

sábado

de pan

hay hormigas de pan en la falda de.

-y mejor así. la vida es buena con ese hormigueo-

ahora levántese de la mesa, sacuda la falda.

¿las ve volar? son hormigas voladoras.

miércoles

bienvenido amor